El lepero que fue rey de Inglaterra por un día

rey de Inglaterra

Acercaos, acercaos, ¡hoy os traemos otra historia curiosa, extraña, maravillosa y, a pesar de lo que pueda parecer… ¿completamente real?

Dejad que os hablemos de Juan de Lepe, rey de Inglaterra.

Una partida de cartas que ni Steve McQueen

A mediados del siglo XVII nació el humilde protagonista de nuestra historia. La vida, con sus azares y casualidades, lo convirtió en marinero y, quién sabe cómo y por qué, acabó en la corte de Enrique VII, rey de Inglaterra y señor de Irlanda, fundador de la famosísima dinastía Tudor (y sí, ese Enrique era el padre de Enrique VIII, el de las seis esposas, y abuelo de Isabel I, la de los cuellos gigantes, armadas no-tan-invencibles y corsés imposibles).

rey de Inglaterra
Especialista en decir que no a pretendientes, defender la fe protestante y coger aire con mucha fuerza todas las mañanas

Nuestro protagonista Juan, el de Lepe, debía de ser un hombre de gran carácter. Se ganaba la simpatía de la gente con facilidad y, por lo que se cuenta, era un poco tahúr. La cuestión es que en Inglaterra se convirtió en amigo y confidente del mismísimo Enrique VII. Comían, bebían, jugaban a las cartas, cazaban y hacían todas esas cosas típicas que la gente de bien (y de mal) hace en la corte. Parece ser que Juan era un poco bufón para Enrique, pero su afición para divertir al rey era su mayor baza.

Un buen día, mientras jugaban a las cartas, decidieron hacer las apuestas más interesantes: el rey se jugó su corona, al menos de manera simbólica. Tan convencido estaba de ganar, que Enrique VII apostó las rentas de Inglaterra durante un día. Y perdió.

A partir de entonces, Juan de Lepe fue conocido como el pequeño rey de Inglaterra y se le concedieron las rentas de ese día de toda la pobre gente del país, a quien nadie había preguntado, of course, qué opinaba de la dichosa partida de cartas. Pero bueno, teniendo en cuenta que no tenían Spotify ni Netflix, perder un día de impuestos solo por ver como un tipo se la jugaba al rey debía de ser el equivalente a comerse siete temporadas completas de Juego de tronos de una sentada, así que ni tan mal.

Rey de Inglaterra y profeta en su tierra

A la muerte de Enrique VII, Juan regresó a su tierra natal, con los bolsillos bien llenos. Y fue tan generoso con sus conciudadanos que hasta acabaron dedicándole una calle.

A su muerte fue enterrado (habría estado feo enterrarlo vivo) en la iglesia del  Monasterio Franciscano de Lepe, (orden a la que donó una suma considerable de dinero). En su lápida, hoy desaparecida, se podían leer sus aventuras y andanzas. Nos queda la descripción de dicha lápida, que aparece en la obra Origine Seraphicae Religionis del padre Francisco de Gonzaga

En la iglesia de este convento aún se ve el sepulcro de cierto Juan de Lepe, nacido de baja estirpe del dicho pueblo de Lepe, el cual como fuese favorito de Enrique VII rey de Inglaterra con él comiese muchas veces y aun jugase, sucedió que cierto día ganó al rey las rentas y la jurisdicción de todo el reino por un día natural, de donde fue llamado por los ingleses el pequeño rey. Finalmente, bien provisto de riquezas y con permiso del Rey volvió a su patria nativa y allí después de haber vivido algunos años rodeado de todos los bienes y elegido su sepultura en esta iglesia, murió. Sus amigos y parientes grabaron esta historia en lugar de epitafio, la cual quise yo, aunque no parece a propósito de esta Historia, dejarla como un recuerdo de este lugar.

Lo más importante de toda esta historia no es la fortuna que hizo Juan jugando a las cartas, claro, ni que lo hicieran monarca inglés durante veinticuatro horas. Lo realmente importante es que todo dio lugar a este maravilloso número musical de los Lunnis:

Si no estáis cantando el estribillo en vuestras cabezas ya, es que no tenéis alma ni corazón ni nada de nada. Lo que no entendemos muy bien es cómo sabían los Lunnis que Juan de Lepe era antecesor directo de Chiquito de la Calzada. El parecido es indiscutible, ¿no?


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Créditos: Imagen de cabecera de Pro Church Media en Unsplash. Imagen de la reina Isabel I del cuadro conocido como Phoenix, atribuido a Nicholas Hilliard (de Wikimedia).

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